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A propósito...

Conocí a Olga Lara mientras yo trabaja para el
peródico El Día en Santiago, y ella se
establecía como una de las grandes artistas
dominicanas. Desde el primer día que la
conocí, Olga Lara me pareció la persona más
honesta, más sencilla que hasta entonces había
conocido en el mundo del espectáculo. (Y nótese
que Belkis Concepción, entonces con “Las Chicas del
Can”, era una persona, para usar el cliché, con los
pies sobre la tierra.) Y ni siquiera habría que
mencionar su voz: no creo que había en la República
Dominicana, con la excepción quizás de Sonia
Silvestre, una voz más dulce, más tierna, más
alentadora. Y todo esto visto desde el punto de vista
de alguien que escuchaba, a escondidas, los discos
de Maria Callas, Ella Fitzgerald and Billie Holiday.
Los meses que siguieron sirvieron para reenforzar mi
primera impresión. Para dar un ejemplo, no creo que
Olga Lara fuera a cantar a Puerto Plata sin llamarme,
desde la estación Metro, al periódico. No creo que sea
necesario añadir algo más para establecer la
sencillez, la humildad de una de las voces
superiores (por lo menos entonces) en la República
Dominicana.
En conclusión, a pesar de mi admiración por Violeta
Parra, Lucecita Benitez, Nacha Guevara, Ana Belén, Rosa
León, por una parte, y Kiri Kanawa, Montserrat Caballé
and Cecilia Bartoli, por otra parte, ni los años o los
estudios en varios países ha disminuido mi admiración
por Olga Lara.

Por supuesto, mi admiración podría ser sólo un
vestigio de patriotismo. Yo no lo creo. Pero nunca se
sabe.
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