Hay etapas de nuestras vidas en las cuales se producen hechos, a decir de los expertos, nos matizan para siempre.
Tales épocas, situaciones y emociones específicas marcan un derrotero moral y espiritual que nos acompaña durante el inevitable y maravilloso proceso de desarrollo y maduración.
Las manifestaciones del arte juegan un papel vital en esas huellas imborrables del camino que transitamos de la mano de nuestros mejores recuerdos y de nuestras más ardientes impresiones.
Cuando yo era adolescente, a mediados de la década de los años 60, las canciones que ustedes y yo cantaremos, bailaremos y gozaremos esta noche, causaron furor y un impacto tremendo en nuestros sentimientos, hasta tal punto que hoy siguen siendo parte del album sentimental de los que vivimos, y seguimos viviendo, esos días tan maravillosos.
Quiero que ustedes y yo, aquí, hoy, todos, nos traslademos, a través del túnel del tiempo y tomados de la mano de la magia del espectáculo, a esos años inolvidables, a esa época de lo mejor de nuestra juventud, de esa etapa la cual los años no pueden borrar.
Esta noche, mis queridos invitados, ustedes y yo, vamos no sólo a recordar, a cantar, a bailar y a gozar de lo lindo lo mejor de la década de los años 60, sino que vamos a vivir de nuevo ese rock eterno.
Para nosotros, ustedes y yo, esta noche no es una noche de 1989, sino una noche de todos los días, de todas las semanas, de todos los meses, de todos los años de la década del 1960.
¡Bienvenidos a nuestra Fiesta de Nueva Ola!
Y... ¡muévanse todos!